lunes, 6 de octubre de 2008

Influencia

"No inventes, wey, como te puede gustar eso?" "Wey, no vayas a empezar a salir con cosas raras por ver esas cosas o escuchar esa música"

¿Realmente la televisión y la música influye tanto en una persona?

Lucas se pasó una parte de la mañana pensando en eso y la otra viendo los vídeos por los que había sido advertido.

No entendía como podía ser que un vídeo modificara su forma de actuar; pero inmediatamente le vino a la cabeza dos experiencias anteriores.

La primera sucedió unos años atrás cuando estaba de moda un programa en la televisión y en ellos hacían bromas sobre la forma de expresarse la gente sin educación, los nacos y algún que otro provinciano recién llegado a la capital. Dos programas fueron necesarios para que Lucas empezara a hablar como el más vivo y representativo ejemplo de un chofer de pesero ruta la Raza - Indios Verdes.

Al principio lo hacía de broma, después inconscientemente esa forma de hablar salía en situaciones adecuadas, pero no de forma controlada.

A la primera discusión fuerte por su forma de hablar, optó mejor guardar ese personaje y usarlo con las personas que no lo tomarían como una ofensa o que le llamarían la atención por su forma desmesurada de abusar del argot popular.

Cual fue su sorpresa cuando también ahí, en ese grupo selecto, le hicieron la observación que había que cambiar la forma de hablar...

El otro caso fue cuando a Lucas no se le ocurrió nada mejor que empezar a imitar a las jotitas de Amberes. Y aunque él decía que era de broma y que solo lo hacía con la gente de confianza, la verdad es que estaba empezando a sospechar que lo estaba haciendo más de lo necesario.

Pero es que era imposible no reírse en los programas donde aparecían, incluso llegar a usar alguna frase para la aburrida vida cotidiana que en ocasiones llevaba; pero siempre tratando de cuidarse y de no poner en vergüenza a la gente que estimaba.

Esta mañana su pensamiento iba y venia por los dos temas:

"Si soy naco, porque soy como naco. Si veo cosas de jotos, porque veo cosas de jotos..." pensaba y buscaba una respuesta.

Lo que le llamaba la atención a Lucas era el extraño hecho de que muchas veces la gente que juzga a otros por hacer determinada cosa, no se juzga a sí misma o se permite esa libertad de hacer aquello que en otros quizás está mal hecho.

Lucas no podía manejar la situaciones de "yo si puedo y no hay problema; tú, ni se te ocurra porque serás marginado". Y en muchas ocasiones eso fue lo que había pasado. Lucas debía ser quien llevara una conducta ejemplar y que no podía cuestionar muchas cosas ya que era un desafío a la autoridad.

Sinceramente, nunca fue de los que se quedaran callados, pero en primera instancia acataba las reglas y después buscaba las explicaciones necesarias para continuar haciendo las cosas como mejor le conviniera a él.

"Por qué no decir mejor las cosas como son: no me gusta que hagas esto porque temo que te hagan daño y salgas lastimado y eso no me haría muy feliz", pensaba, "wey no mames, me cuesta manejar estos temas y a ti te veo tan tranquilo que me desconcierta".

Era curioso, pero ni él mismo sabía por qué veía tal o cuál cosa o escuchaba cierta música, simplemente le gustaba hacerlo.

Lucas tenía que romper dos paradigmas muy fuertes: no por ver, oír, leer o conocer uno ES (más bien ese era uno que debía demostrar) y el que la gente condene algo, no siempre implica que te condenen a ti.