Lejos de ser una invitación al albur ( y se que más de uno no habrá de entender eso último) se trata de algo más sencillo como el útil al que algunas personas recurrimos al estar hablando y mientras nuestro interlocutor nos ve con cara de asombro o pereza, nosotros abrazamos fuerte a ese medio de desahogo que esta entre nuestras manos y brazos.
Es curioso pero muchas personas, independientemente de su sexo recurren a tan sencillo reflejo para sentirse con la seguridad de que no serán juzgados ó que, llegado el momento de la agresión, tendrán algo que suavice el golpe.
Todos necesitamos de un cojín, para poder sacar lo que llevamos dentro, incluso estando sólos; sino es que ESTANDO SOLOS recurrimos del cojín por no poder azirnos a la persona que tenemos frente.
Es raro, ahora mi cojín no tiene relleno de pluma o hule espuma, mi cojín tiene teclas, y una pantalla que me protege del mundo y a la vez me expone al mundo...
Creo que es tiempo de dejar de pagarle al psicoanálisis y escribir...
